A pesar de que el semestre en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) comenzó con una cierta normalidad, la estabilidad no duró mucho. Desde la última semana de septiembre hasta mediados de noviembre, las actividades presenciales en al menos un plantel fueron suspendidas cada día, a causa de paros estudiantiles, tomas, daños en instalaciones …
La UNAM entre la incertidumbre y la crisis: un año de tensión en el corazón de la educación mexicana

A pesar de que el semestre en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) comenzó con una cierta normalidad, la estabilidad no duró mucho. Desde la última semana de septiembre hasta mediados de noviembre, las actividades presenciales en al menos un plantel fueron suspendidas cada día, a causa de paros estudiantiles, tomas, daños en instalaciones y medidas de seguridad.
La situación se tornó tensa cuando, en octubre, surgió la primera amenaza de bomba, lo que llevó a una mayor vigilancia en los plantales. A pesar de que no hubo incidentes graves, el clima de inseguridad se mantuvo durante semanas. La inquietud se extendió también a otros aspectos de la vida universitaria, como la calidad del aprendizaje y la tranquilidad emocional de los estudiantes.
Según un seguimiento realizado plantel por plantel entre agosto y noviembre, cerca de una tercera parte del semestre se vio interrumpido en algún momento. Esto significa que muchos estudiantes no pudieron disfrutar de un proceso educativo normal durante varios meses. La falta de estabilidad académica puede tener graves consecuencias en el desempeño de los estudiantes y en su motivación para seguir estudiando.
Aunque no todos los plantales experimentaron interrupciones, la mayoría sufrió algún tipo de problema. Algunos plantales vieron sus instalaciones dañadas, otros padecieron tomas o paros estudiantiles que afectaron a gran parte del cuerpo estudiantil. La inestabilidad se tradujo en una mayor presión para los estudiantes y docentes, quienes debieron adaptarse rápidamente a las nuevas circunstancias.
La UNAM ha trabajado para mitigar el impacto de estos problemas en el aprendizaje, pero es claro que la situación ha sido difícil. Los estudios han demostrado que la inestabilidad emocional y los cambios constantes pueden afectar negativamente el rendimiento académico y la salud mental de los estudiantes. La Universidad debe encontrar formas de mitigar este impacto y garantizar un proceso educativo más estabilizado y seguro.
A pesar de estos desafíos, hay quienes han encontrado maneras de superar las dificultades y mantenerse involucrados en el aprendizaje. Algunos estudiantes han organizado actividades culturales y deportivas para distractarse y socializar, mientras que otros han apoyado a sus compañeros de clase en momentos difíciles.
La UNAM ha reconocido la importancia de abordar estos problemas y ha establecido un comité para estudiar las causas de la inestabilidad y encontrar soluciones. La Universidad también ha aumentado la vigilancia y seguridad en los plantales, lo que ha ayudado a reducir la tensión en el ambiente universitario.
A medida que se acerca el fin del semestre, los estudiantes esperan una mayor estabilidad académica y un proceso educativo más normal. Sin embargo, es claro que el impacto de estos problemas no se limitará a este semestre, sino que tendrá consecuencias en el futuro inmediato. Es importante que la UNAM y la sociedad civil trabajen juntas para abordar estas dificultades y crear un ambiente universitario más seguro y estabilizado.






